jueves, 1 de julio de 2010

Torre

Estaba perdido en una especie de bosque muy cerrado, lo único que podía ver era el cielo azul entre las copas espesas de los árboles, pero mirando hacia adelante solo veía la tenebrosa oscuridad del bosque. No distinguía ninguna posible salida, nada.
Pensé rápidamente cual sería la mejor solución. No teniendo idea de donde estaba parado, era igual que caminara para un lado que para el otro. Elegí una dirección al azar y empezé a caminar. quizá la salida estaba a pocos metros hacia la dirección opuesta, pero... ¿que opción tenía? ¿como podría saberlo?

El camino era dificil. Un un momento estuve a punto de dar la vuelta. Raíces enormes me obligaban a trepar sobre ellas y muchas espinas me desgarraban la ropa y la carne, sin contar que tenía sed, mucha sed. Pensé "¡voy a morir aca! ¡Dios mío, voy a morir acá!". En un momento realmente me desesperé y me senté en un árbol. Levanté la cabeza y vi, no muy lejos, un resplandor rojo entre los árboles. Corrí en esa dirección. Corriendo me lastimaba aún mas, pero no me importaba. Tenía la certeza que ahí estaba mi salida, mi salvación.

Llegué a un gran claro en el medio del bosque. En el centro había una hermosa y enorme torre de cristal que emanaba una luz roja. Traté de acercarme a la torre, fascinado por su belleza, pero algo me impedía. Empezé a rodearla, entonces, dándome cuenta que la luz roja en realidad era una especie de prisma gigante que descomponía la luz del sol en su espectro de colores, lo que me iluminaba no era mas que la luz del sol detrás del prisma. Entonces, a medida que iba rodeando la torre era iluminado por todos los colores del arco iris, hasta salir de esa especie de sombra y ser tocado por la luz solar directa.

Quise acercarme una vez mas. Como antes, fui rechazado por una especie de barrera. De alguna manera sabía, sentía que tenía que llegar hasta la torre, que esa torre era mía, que había algo dentro de ella que no representaba la hermosura, la solidez y la estabilidad que se veía. Sabía que esa torre no estaba ahí porque si, estaba exactamente edificada para protegerla de mi. La única razón de la existencia de esa torre era proteger su interior de mi, entonces, ¿quien mejor que yo para reconocer sus defectos, sus puntos débiles? A los ojos de un lego era solo un hermoso monumento, para mi era una fortaleza perfecta en mi contra.

De repente, un grupo de juglares aparecieron. Llevaban pancartas en mi contra, aunque no podía leerlas. Me di cuenta que esa especie de escudo que estaba ya no existía, que ahora debía pelear con ellos. No fue una pelea física, solo se limitaron a decir estupideces y cosas hirientes a las que no presté atención. Rompieron en llanto cuando vieron que pasaba entre ellos como quien pasa entre las plantas de un jardín. Pude sentir que la torre crujía, o quizá gemía y se quejaba.

Al llegar a ella pude ver que estaba edificada sobre barro, y con mi presencia empezó a tambalearse. La toqué y se vino abajo como un castillo de cartas. Lo último que puse ver fue a mi mismo, parado donde antes estaba la torre. La torre quería protegerme de mi mismo. O quizá, quería protegerse de que yo me encuentre a mi mismo dentro de ella y así, desbaratar su plan casi perfecto para ocultarme en las sombras, en la oscuridad dentro de la torre. En el lugar que siempre ocupé y que nunca (en ese momento, entendí) dejaría.

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