Tengo ganas de volver. Tengo ganas de volver a hacer muchas cosas. Tengo ganas de volver a hacer muchas cosas mejor que antes. Quizá, mejor que nunca.
Tengo ganas de verte, y a la vez, tengo miedo. Pero te estoy viendo y te estoy soñando. Hey, vos... ¡andate de mis sueños! Siempre fuiste y volviste, siempre te manejaste a todo o nada. ¿Que querés ahora? ¿Que más te puedo dar que no te llevaste ya?
Perdí el rumbo a cambio de encontrarme a mi mismo. Tuve que vaciarme para ver si puedo volver a llenarme. A veces pienso que ya dejé la nube atrás, que puedo ver el cielo claro adelante, que puedo volar en paz. Pero lamentamblemente, aún no he visto ningún lado donde pueda posarme.
Solo tengo ganas de hacer nada. Y lo que realmente me preocupa es que siento que me conozco casi completamente. Entonces, ¿este es el verdadero yo? Me chupa todo un huevo y no estoy mal, no estoy deprimido. Estoy bien, estoy tranquilo. No me puedo comprometer a nada, y si no fuera porque la respiración es involuntaria, posiblemente tampoco podría comprometerme a eso. ¿Que hago? ¿Donde voy a ir a parar?
Me asusta, me preocupa y -eso si- me deprime un poco, descubrir un poco más cada día que casi todo lo que hago o hice, lo hago por alguien más, ya sea para igualarlo, superarlo o porque significa algo para esa persona. ¿Por mi? No, nada. Creo que nunca hice nada por mi, y ahora que podría, y ahora que no le debo absolutamente ninguna explicación a nadie, no tengo ganas. No tengo nada que hacer por nadie. No tengo nada que hacer.
Apatía. Pesimismo. Me chupa un huevo. Vos y tus sentimientos. Vos y tus provocaciones. Vos y tus inseguridades. Vos y las personas a las que extrañás. Vos y tu arte, tus deseos que se frustran todo el tiempo, vos y tus idas y venidas, vos y tu abandono. Vos y tu estupidez, tu inmadurez y tus mambos. Tu risa estúpida e inoportuna. Las noches frías en las rocas, las tardes de domingo en la plaza cercana a tu casa y aquella noche en las hamacas. El abrazo y el beso apurado en la Terminal, mis lágrimas en la estación de trenes, las noches en el entrepiso de tu edificio, el beso en esa casa revestida de rocas y la cueva que armamos con frazadas en tu sillón aquella noche que teníamos miedo de nosotros mismos. La noche que estábamos borrachos y nos manteníamos mutuamente despiertos en el colectivo, aquella noche por Devoto donde te dejé de ver, la tarde de la mudanza donde limpiamos la heladera y la noche que no dormimos haciendo el amor. El sabor a sangre en cada beso.
Dos acordes y se me desafina la guitarra. Dos palabras y se me van las ganas de cantar. Dos hojas y me aburrí del texto. Dos horas y me canso de viajar. Dame dos de cada uno. ¿Me regalás los que yo quiera? No gracias, no tengo donde llevarlos ni nadie a quien darselos. Se me van a caer, y no quiero dejar un rastro para donde voy. C'est une bêtise.
No hay comentarios:
Publicar un comentario